• Cesar H.

Corresponsabilidad: desde el trabajo a la casa.

Desde el inicio de la pandemia por el COVID19 he tenido la suerte de poder trabajar 100% desde la casa. Para mí este cambio fue una bendición disfrazada de repercusión inminente de un virus que cambió al mundo por siempre.


Todos los días me levanto, me baño y me siento en mi escritorio a trabajar con tan solo levantarme 30 minutos antes de que mi turno inicie, toda una maravilla. Pero lo que no había visto hasta hace unos cuantos días fue cómo mi jefa que tiene dos hijos, ambos no mayores a 5 años, son parte del mosaico de nuestras video llamadas. Bien me parece divertido verlos como se asoman por la cámara y piden galletas, no puedo evitar ver como se refleja el estrés en el rostro de mi jefa al tener que trabajar tiempo completo mientras mantiene a sus hijos ocupados a la vez.


Esto no fue algo de una sola video llamada, es algo de todos los días de su vida. Ella se disculpa y pide momentos para poder sacar a los hijos de la oficina y ponerlos a jugar video juegos, mientras que regresa disculpándose por las distracciones, y lo único que puedo hacer es decirle que no pasa nada y que está bien. Pero… ¿lo está? ¿cuántas mujeres que trabajan y que tiene hijos se les doblega el trabajo por estar en casa? En un webinar al que asistí que brindó Efecto Boomerang, una de las participantes contaba que ella debía de hacer la pantomima de tomar sus cosas y salir de la casa para que sus hijos no se quedaran fuera de la puerta de su oficina llorando y llamándola sin cesar.

Después de experimentar esto vi un estudio del INEC realizado en el 2017, antes de esta crisis sanitaria, económica y social, donde explican que las madres invertían semanalmente alrededor de 32 horas y media a labores del hogar (limpieza, cuido de menores a 12 años y la preparación de alimentos), mientras que los padres dedicaban a estas mismas actividades alrededor de 8 horas semanales. Pero, si estos números post-covid se ven así... ¿cómo se ven durante la pandemia?


Por suerte, Natalia Aguilar Céspedes, parte del equipo de Efecto Boomerang, escribió para cractualidad.com cómo las empresas pueden ayudar a su personal a incidir en temas de corresponsabilidad. En mi eterna curiosidad y mi interés sobre este tema me llevó a querer saber más. Por esto tuve una conversación con Natalia para profundizar en el tema y poder aplicarlo en mi día a día.

1. ¿Cuál es el beneficio más grande para una empresa que ayuda a su equipo a incidir en corresponsabilidad?


Para la empresa, el mayor beneficio es que su personal se siente apreciado, como una parte importante de la organización y fideliza con la misma. Al percibir que puede lograr un balance entre su vida laboral y familiar, no solo se sentirá mejor, sino que esto mejorará su productividad y relaciones laborales, deja de sentirse como un número más y pasa a ser una parte más integral de la organización.


2. ¿Usted recomendaría que las empresas incluyan a las parejas de las y los colaboradores en talleres para ayudar a la corresponsabilidad?


Esta es una muy buena práctica, ya que en muchas ocasiones, aunque la persona colaboradora conozca sobre corresponsabilidad o bien tenga las medidas para ejercerlas, el proceso de negociación con la familia no siempre es tan sencillo. Si bien en las capacitaciones se brindan estrategias de negociación con la pareja, a veces no se alcanzan los objetivos porque la otra persona no está sensibilizada al respecto. Estando la pareja u otros miembros familiares este ejercicio podría ser más enriquecedor, así se tienden puentes escuchando las necesidades, posibilidades y fortalezas de cada miembro.


3. ¿Qué pasos recomendaría para que las y los trabajadores inicien estas conversaciones en el hogar?

  1. Auto valoración y negociación: El primer paso es comprendernos a nosotros mismos (as), nuestras necesidades, fortalezas, retos y realidades para poder tener claro qué necesitamos y deseamos negociar. En este punto, identificar mis labores dentro y fuera del hogar y el tiempo que me toman es fundamental para argumentar en la conversación.

  2. Negociación con la pareja o entorno familiar. Este proceso debe partir de varios principios:

  3. Equidad y justicia: Que cada quien haga lo que está dentro de sus posibilidades (por edad, tiempo que invierte trabajando o estudiando fuera del hogar, capacidades físicas, etc) y que se repartan estas tareas de manera proporcional. Para cumplir este principio, hay que cuidar que no asumamos que hay tareas de mujeres o de hombres pues todas las personas (salvo condiciones muy específicas) somos capaces de hacer cualquier labor del hogar.

  4. Comunicación asertiva: Expresar las necesidades propias y deseos y escuchar atentamente los de las demás personas. Implica claridad, apertura y que no hayan agendas ocultas.

  5. Ceder y apropiarse de espacios y tareas: Romper paradigmas, probar cosas nuevas, retarnos y no asumir que solo yo puedo hacer una actividad en particular o que otras personas harán mal las actividades que yo hacía previamente. Tener apertura para el cambio.

4. ¿Cómo se puede medir de manera objetiva si las responsabilidades están siento compartidas justamente?


Lo ideal es que la distribución de tareas y roles se dé tras una conversación y acuerdos familiares en los que se analice cuanto tiempo y en que actividades cada miembro invierte su tiempo, y a partir de ellos se asignen las responsabilidades.

Estas responsabilidades pueden medirse mediante 2 criterios:

  • Tiempo: Analizar los tiempos que cada miembro de la familia invierte fuera del hogar (en el trabajo remunerado, educación, otras actividades) y establecer proporcionalmente quién podría dedicar más tiempo a las labores del hogar. No siempre la cantidad es lo importante, ya que una persona podría tener un par de actividades muy demandantes de tiempo y de alta complejidad mientras otra podría tener hasta 6 tareas de poca demanda y baja complejidad.

  • Complejidad: Debe analizar el esfuerzo mental, físico y cantidad de tiempo que una actividad demanda para conocer su complejidad y equilibrar la distribución. Por ejemplo, pensemos en la cena. No es igual de demandante las tareas que por lo general realizan las mujeres: pensar en que hacer de cenar durante todo el día, lavar los alimentos, prepararlos y coserlos y por último servirlos en la mesa (tarea que fácilmente podría tomar 1,5 horas a 2 horas), versus recoger la mesa y lavar los platos, actividad que un muchos casos realiza otro miembro familiar y que tomaría aproximadamente 15 minutos.

Nuestra responsabilidad como empresa, ya sea publica o privada, es buscar maneras para dar el soporte necesario y posible a nuestros trabajadoras y trabajadores. Ya lo menciona Natalia Aguilar que si las personas colaboradoras son felices, sanas y plenas tendrán mejor rendimiento y se convertirán en un eslabón perfecto para la organización.


Como empresa puede ayudar a su personal a conseguir este balance en su hogar, demuestre interés real en el bienestar de las personas para crear un mejor ambiente laboral y una mejor compañía. Por esto, si necesita apoyo para dar charlas o para lograr este balance, Efecto Boomerang es la compañía para usted. ¡Contáctenos ya!

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