• Admin

Una década de igualdad de género: ¿Cuánto hemos avanzado entre el 2010 y el 2019?

Estamos a las puertas de cerrar la década 2010-2019 y nos enfilamos a diez años que van a ser clave para lograr los Objetivos del Desarrollo Sostenible 2030. Ha sido una década de cambios fundamentales en la forma en que nos informamos y comunicamos, con la intrusión de apps y teléfonos inteligentes que se han vuelto una parte importante de nuestras vidas, casi una extensión de nuestros cuerpos y mentes.


Ha sido un período de movimientos sociales, económicos y ecológicos importantes en todo el mundo, donde hemos aumentado nuestra consciencia de la necesidad de desarrollar estilos de vida que sean sustentables en el tiempo; pero, a la vez, han tomado fuerza movimientos conservadores que se aferran a viejos paradigmas y posiciones, que buscan mantener un status quo que nos puede llevar a tener nuestro futuro como humanidad pendiendo de un hilo.


Es entonces un buen momento para hacer una pausa y repasar, con datos e hitos importantes ocurridos durante estos diez años, qué tanto avance ha habido en lo que a igualdad de género se refiere. Cuando nos referimos a igualdad de género, tomamos justamente la definición que hace el PNUD en su quinto objetivo de Desarrollo sostenible: “…garantizar el fin de la discriminación a mujeres y niñas en todo el mundo…garantizar el acceso universal a salud reproductiva y sexual y otorgar a la mujer derechos igualitarios en el acceso a recursos económicos”.


Para llevar a cabo este necesario repaso de los avances de la década en cuanto a igualdad de género, será fundamental basarnos en los criterios que establece el Foro Económico Mundial para generar su Reporte Anual Global de Brechas de Género. Además, procuraremos ofrecer un panorama mundial, así como uno a nivel nacional en Costa Rica.


Participación y Oportunidades Económicas de las Mujeres:


A nivel de la igualdad de oportunidades económicas de las mujeres, el Reporte anual toma en consideración aspectos relacionados con: la participación de las mujeres en la fuerza laboral, el pago equitativo por la misma labor llevada a cabo, los ingresos generales de mujeres y hombres. En este apartado, para el año 2009 a nivel mundial la brecha era de 0.60 (donde 0 es la inequidad absoluta y 1 es la equidad absoluta), mientras que para el año 2019 es de 0.58%. Esto es, que en diez años no se ha logrado un avance sustancioso que haya permitido una mayor participación de la mujer en la vida económica del mundo.


Si se toma en cuenta que las mujeres poseen únicamente entre el 10% y el 20% de todas las tierras en países en vías de desarrollo; que además ellas acceden únicamente al 7% de los créditos para agricultura, y que todavía hay más de 1300 millones de ellas que no tienen acceso a instituciones financieras, no es de extrañarnos que ésta sea una brecha que se mantiene igual durante la década.


Además, se tiene que a nivel mundial aún hoy hay una importante brecha salarial entre hombres y mujeres, ganando éstas últimas un promedio de 77% de lo que ganan los hombres. En otra palabras, si un hombre haciendo una labor determinada gana 1 dólar; una mujer, llevando a cabo la misma labor, ganará solamente 77 centavos de dólar en promedio.


Ahora bien, no todo ha sido negativo. En lo que respecta a la participación laboral de las mujeres en altos puestos directivos, parece haber una leve tendencia al alza. Una medición de la cantidad de mujeres CEO en las empresas que forman parte del Fortune 500, revela que entre el 2009 y el 2019 se ha duplicado la presencia de mujeres en ese grupo: se pasó de 15 a 33. Es de notar eso sí, que la tendencia no ha sido estable y hubo años en que ese número decreció con respecto al anterior (2011, 2016 y 2018). Aun así, a pesar de contar con un máximo anual para el 2019, esas 33 mujeres representan apenas un 6,6% del total de CEO´s de dichas empresas. Claramente es una brecha grande.


Si bien el panorama parece aún desolador -y con razón-, hubo hitos en esta década que hace presagiar que veremos avances en el cierre de esta brecha. Hechos como que la NASA llevara a cabo por primera vez en su historia una caminata espacial conducida enteramente por mujeres; o que 13 mujeres hayan recibido Premios Nobel en ésta década (5 de ellas en categorías como Economía, Medicina o Física); o que en el 2018 se llevara a cabo la primera conferencia de Davos dirigida exclusivamente por mujeres en su panel principal; hacen que se aprecien avances en el lugar que ocupan las mujeres dentro de la participación en la economía mundial.


En el ámbito local, la brecha salarial se mantiene, pues la mujeres en Costa Rica ganan en promedio 9 mil dólares anuales menos que los hombres; además, el 63% de las personas que se atienden por condición de pobreza en el país son mujeres y el 77% de hogares en pobreza a los que se brinda apoyo psicosocial son liderados por jefaturas femeninas. Queda aún mucho por hacer para cerrar la brecha económica que aún tiene en desventaja a las mujeres.

Es de resaltar eso sí, que en los últimos años se han llevado a cabo iniciativas que buscan hacer algo al respecto: la ley 7769 de Atención a Mujeres en Pobreza ha priorizado iniciativas enfocadas a abordar de manera diferenciada a esta población; así mismo se han desarrollado iniciativas en la Banca pública y privada con miras a una mayor incorporación de la mujer en la dinámica económica del país. Hitos como la designación de la primera mujer presidenta de la Cámara de Comercio de Costa Rica (Yolanda Fernández), o la entrada en vigencia de la Reforma Procesal Laboral en el año 2017, son pasos importantes que señalan una menor discriminación hacia la mujer en ámbitos laborales.

Oportunidades en Educación para las Mujeres:


El Reporte Global de Brechas de Género del Foro Económico Mundial señala como un elemento clave para la igualdad de género, que las mujeres logren acceder con las mismas condiciones a las oportunidades en educación que les permita tener herramientas para salir adelante y romper el círculo de pobreza que conlleva la falta de estudio.


A nivel mundial, aún hoy dos de cada tres personas en situación de analfabetismo son mujeres; y hay zonas del mundo donde ni una cuarta parte de las mujeres logran terminar la educación primaria. Para el año 2009, el promedio de equidad de oportunidades en educación para las mujeres era de un 0.93 (el área mejor puntuada de las 4 categorías consideradas); mientras que para el 2019 ese número pasó a 0.96, lo que significa un leve aumento (recordemos que 1 es la equidad perfecta).


No obstante, aunque pareciera un dato alentador, lo cierto es que estamos aún lejos de tener una equidad real. Para el 2018, según datos del PNUD, el 63% de los hombres a nivel mundial tenían al menos algún nivel de educación secundaria. En lo que respecta a mujeres, ese porcentaje disminuye al 53%. Son 10 puntos porcentuales menos que sin duda siguen marcando una brecha favorable en acceso a la educación para los hombres.


Además, cuando se analiza la participación de las mujeres en áreas conocidas como carreras STEM, esta se mantiene aún por debajo de la participación de sus contrapartes hombres. Hay más hombres que mujeres trabajando en industrias como Manufactura, Hardware y Redes, Software y servicios de Tecnologías de la Información, Servicios Corporativos; mientras que hay más mujeres que hombres trabajando en áreas como Educación, Cuidado de la Salud y labores sin remuneración. Persiste aún entonces una distribución estereotipada de acuerdo al género de los trabajos a nivel global.


En Costa Rica, esta área es la que presenta menos brechas a nivel general. De acuerdo al Reporte Global, nuestro país pasó de un 0.995 a un 1 en lo que llevamos de década. Somos uno de los mejores puntuados en cada una de las áreas. Incluso, en lo que respecta a la educación secundaria y superior, la proporción de mujeres es mayor que la de hombres.


Así, aunque el alcance en educación primaria es el mismo para hombres y mujeres (96.6%), la cobertura de educación secundaria para mujeres alcanza el 84.5% mientras que para hombres se queda en 81.1%. Ya para estudios Universitarios, el alcance en mujeres es del 62.2% mientras que en hombres es de apenas el 49.3%.


No obstante, cuando se analiza la participación de mujeres en las carreras STEM (la que generan actualmente mayor demanda laboral y por ende ofrecen mayores posibilidades de ocupación y mayor remuneración), el porcentaje disminuye bastante. De acuerdo con datos de la Universidad de Costa Rica, para el año 2017 -último con datos reportados-, las mujeres matriculadas en estas carreras en universidades públicas, apenas sobrepasaban las 9 mil, mientras que los hombres llegaban casi a los 20 mil. En porcentajes, los hombres abarcan el 68.3% de las personas estudiando carreras STEM, mientras las mujeres son el restante 31.7%.


Sin duda, este es uno de los temas más importantes de abordar en el país pues se debe aumentar la presencia de mujeres en áreas de tecnología, ciencias e ingenierías, para ofrecerles un mayor espectro de inserción laboral y fomentar la equidad en los ingresos de las mujeres. Iniciativas como MENTE en Acción (Mujeres En Ciencia y Tecnología) es un buen ejemplo de proyectos que buscan incentivar la incorporación de más y más mujeres en estas áreas.

Salud de las Mujeres:


La salud de las mujeres es el tercer aspecto que toma en cuenta el Foro Económico Mundial para analizar las brechas de género existentes en el mundo.


Si bien es cierto, a nivel de la década y considerando únicamente el Reporte Global de Brechas de Género, esta categoría se mantiene como la mejor puntuada y con porcentaje de equidad del 97% (del 100% que sería lo perfecto); lo correcto es decir que aún estamos debiendo mucho en acciones para lograr que las mujeres tengan acceso a una vida libre de violencia y a una vivencia plena de su salud física y emocional.


Los datos no mienten, el Banco Mundial hace un buen recuento de algunos números que ponen de manifiesto la magnitud de la violencia a la que están expuestas las mujeres: 35% de ellas han experimentado algún tipo de violencia física o sexual por parte de su pareja; 7% de las mujeres han experimentado una agresión sexual violenta por parte de algún hombre que no es su pareja. Además, 38% de los homicidios de mujeres son cometidos por su pareja, y hay 200 millones de mujeres que han experimentado mutilación de sus genitales.


Se estima que estas y otras manifestaciones de violencia tienen un costo económico para la mayoría de los países que ronda el 3.7% del Producto Interno Bruto (PIB), y es mayor de lo que muchos países dedican a la educación. Sin embargo, el costo en daños físicos y emocionales es incalculable.


En Costa Rica la realidad no es muy distante. De acuerdo con datos del Observatorio de Género del Poder Judicial, la cantidad de denuncias por delitos sexuales en el país ha tenido una tendencia a la alza durante toda la década, llegando a un pico en el 2018. En ese año, hubo un total de 10476 denuncias distribuidas en: 1539 violaciones, 4034 relaciones sexuales con personas menores de edad, 3734 abusos sexuales a menores de edad e incapaces, 288 abusos sexuales contra personas mayores de edad y 10 tentativas de abusos a personas menores de edad.


En lo que respecta a medidas de protección por violencia doméstica, 53940 mujeres solicitaron este tipo de medidas durante el 2018. Además, solo en el año 2018 hubo más de 20 mil casos de aplicación de la Ley de Penalización de la Violencia contra la mujer (en una tendencia al alza con respecto a años anteriores). Finalmente, en lo que respecta a femicidios, en el 2017 y 2018 hubo 26 casos, mientras que para el 2 de diciembre del 2019 se tienen contabilizados 13 casos.


Pero no queda ahí, según un estudio de la Universidad de Costa Rica, el 61.7% de las mujeres ha experimentado situaciones de acoso sexual callejero en algún momento de sus vidas. Esto implica haber recibido silbidos, pitidos de vehículo con intenciones sexuales o comentarios relacionados a la apariencia física.


Los datos anteriores demuestran que las manifestaciones de violencia hacia las mujeres son reales y se dan como algo cotidiano y que alcanza a la mayoría de las niñas y mujeres alrededor del mundo y, por supuesto, en nuestro país. Aún así, resulta preocupante la constante desensibilización al respecto que se tiene en nuestras sociedades y la revictimización a la que se ven expuestas muchas de ellas al dar un paso al frente y denunciar.


Basta con ver la reacción en redes sociales cada vez que se hace público un hecho de este tipo, para encontrar manifestaciones que justifican y aprueban el accionar de los victimarios (mayoritariamente hombres) en detrimento de las mujeres víctimas. Además, el enfoque en los medios de comunicación cada vez que surge una noticia relacionada a alguna manifestación de violencia de género, no es la más apropiada y tiende a fomentar la revictimización.


No obstante, han ocurrido hitos durante la década que termina, que han movilizado a grandes sectores de la población y han puesto el foco en el lugar donde va: en las acciones de los victimarios y no en lo que hicieron las víctimas.


A nivel mundial, movimientos como el #MeToo, surgido como una forma reactiva ante los graves hechos de hostigamiento sexual en distintas industrias, primero en Estados Unidos y luego alrededor de todo el mundo; han logrado hacer caer a las fraternidades que defendían a ofensores sexuales en deportes, espectáculos, política y empresas, para llevarlos a la justicia y hacerles pagar por sus actos de abuso y hostigamiento sexual hacia mujeres.


Además, juicios famosos como el de La Manada en España, han puesto el foco de la opinión pública en los Sistemas Judiciales de muchos países (y su reproducción patriarcal de roles, en donde jueces hombres juzgan a ofensores hombres con algunos guiños de complacencia machista), haciendo ver la debilidad de un sistema que muchas veces es aliado del ofensor en detrimento de la justicia y la reparación que merece la víctima.


Y para cerrar la década con broche de oro en lo que respecta a visibilización de la violencia hacia las mujeres, la manifestación pacífica y artística de miles de mujeres en Latinoamérica, denunciando la violencia sistémica de la que son víctimas, ha generado todo tipo de debates y ha movilizado una serie de reacciones de los cuales aún no tenemos corolario: el ritmo y letra de “El violador eres tú”, ha generado de todo, pero no ha habido nadie que no se haya percatado de su existencia.


En Costa Rica, estos movimientos han generado su propia ola de acciones internas, que han hecho de esta década una de las que más avances ha tenido en cuanto a iniciativas para reducir el impacto de la violencia hacia las mujeres y aumentar la sensibilización al respecto de esta temática.


En lo que respecta a aspectos legales, entre el 2010 y el 2019 se fortaleció la aplicación de la Ley de Penalización de la Violencia hacia las Mujeres, se promulgó la llamada “Ley de Relaciones Impropias” y se estableció el “Protocolo de intervención policial en la atención de casos de acoso sexual en espacios públicos o de acceso público”. Además, acaba de firmarse la Norma Técnica para el Aborto Terapéutico que permite establecer criterios claves para salvaguardar la vida de mujeres con embarazos que amenacen su salud.


Pero no todo queda ahí, durante los últimos años y derivado de sonados casos de hostigamiento sexual en política, deporte y espacios educativos, se generó una versión criolla del #MeToo, que conllevó la generación de reacciones muy fuertes de la opinión pública y la exigencia, por parte de grupos de mujeres y hombres afines a ellas, del endurecimiento en la aplicación de la Ley contra el Hostigamiento Sexual en el Empleo y la Docencia. Esto implicó la apertura de juicios contra reconocidas figuras de la política nacional, así como despidos y separaciones en Instituciones públicas. Además, generó un mayor compromiso por parte de las empresas privadas para abordar de manera adecuada y efectiva esta problemática.

Empoderamiento político de las Mujeres:


El cuarto y último criterio que se utiliza en el Reporte Global de Brechas de Género es la posibilidad de participación política que tienen las mujeres a nivel mundial y en cada uno de los países analizados. En él, se analiza la cantidad de mujeres en escaños parlamentarios, la cantidad de mujeres en ministerios y las mujeres jefas de estado o presidentas en los diferentes países.


Como es lógico, este es el área que presenta una mayor brecha. En el año 2009 el puntaje era de apenas un 0.169 (recordemos que cuanto más cerca de cero, mayor es la inequidad); mientras que para el 2019 es de un 0.25. Es un avance valioso, pero está lejos de acercarse a una verdadera igualdad de oportunidades para que las mujeres participen en política.


A nivel global, aún 85 países de los 153 analizados no han tenido nunca una mujer a la cabeza del estado, estos representan el 56%. En lo que respecta a posiciones ministeriales, a lo largo de los 153 países estudiados, las mujeres solamente ocupan un 21% de las plazas. 25% de los escaños parlamentarios a nivel mundial están ocupados por mujeres. En los países donde menos participación de mujeres hay, el porcentaje llega apenas al 10%.


Aunque el panorama parece desalentador, ha habido hitos que han marcado el cierre de la década en cuanto a la participación política de las mujeres en países de mayor desarrollo. Por ejemplo, la reciente elección de la primer ministra de Finlandia más joven en la historia de ese país.


En Costa Rica, el indicador de participación de mujeres en política nos permite pasar de un 0.283 en el 2009 a un 0.545 en el 2019. Para este año, contamos con una participación en la asamblea, de un 45.6% de mujeres. Además, en ministerios contamos con un 51.9% de presencia de mujeres, mientras que el haber tenido a una presidenta mujer durante la década, nos permite puntuar positivamente con respecto a otros países.


Si bien es cierto tenemos como reto aumentar la participación y el empoderamiento de mujeres en la política nacional, la década 2010-2019, nos trajo avances positivos en cuanto a mujeres en el poder. La proclamación de Laura Chinchilla como primera presidenta de Costa Rica en el 2010, nos permitió entrar en el grupo de países que tiene en su historia a una mujer como jefa de estado (no obstante que para ella no fue un camino sencillo y tuvo que romper muchos techos de cristal).


Además, por primera vez en la historia, en el año 2018 se nombró a una mujer como Fiscala General de la República: Emilia Navas Aparicio. Además, en el período legislativo 2018-2019 se nombró como Presidenta de la Asamblea Legislativa a Carolina Hidalgo, convirtiéndose así en la tercer mujer en ocupar dicho puesto y quinta mujer en la historia de Costa Rica que preside algún poder de la República (en contraparte de la innumerable cantidad de hombres que lo han hecho).

En conclusión


Repasando la década que acaba, podemos concluir que se ha tenido algunos avances en lo que respecta a la igualdad de oportunidades para las mujeres a nivel mundial y en Costa Rica. En algunos aspectos, aunque numéricamente pareciera haber una evolución, la verdad es que a nivel cotidiano o tomado en perspectiva con respecto a las oportunidades que tienen los hombres, la consecución de logros hacia las mujeres, se hacen pequeños y es necesario acelerar el ritmo de avance.


Por ejemplo, aunque en política ésta parece haber sido una década donde se han abierto mayores oportunidades a las mujeres, aún no se logra cerrar la brecha histórica que ha llevado a los hombres a ostentar un poder político otorgado de manera automática.


Lo cierto es que, a punto de entrar en la tercera década del siglo XXI, aún las mujeres poseen desigualdades marcadas y brechas que no parecen vayan a cerrarse en el futuro cercano. De hecho, el Foro Económico Mundial habla de que, en promedio, se requieren 99.5 años para cerrar la brecha de género -de mantenerse el ritmo de avance actual-. Pero si se analiza cada criterio por separado, el panorama es desalentador: la brecha económica requiere 257 años para cerrarse y la política 94.5 años. Es algo que no verán nuestras hijas ni, probablemente, nuestras nietas.


Queda claro entonces que no se está avanzando al ritmo suficiente para acabar con las desigualdades que producen la discriminación y la violencia hacia las mujeres, es necesario acelerar el ritmo y garantizar que se generen las mismas oportunidades para todas las mujeres y que éstas sean iguales que las que tienen los hombres (no nos olvidemos un elemento clave: no todas las mujeres tienen las misma oportunidades, hay algunas que tienen mayores privilegios que otras, la equidad debe llegar a todas, o no será equidad).


Costa Rica necesita afrontar entonces una realidad y un provenir que se tiñe de incertidumbre, con fuerzas que desean detener el ritmo de avance en igualdad y garantías de derechos para todas las personas que nos ha caracterizado. Se hace necesario hacer énfasis en ceder privilegios y dar oportunidad para que los grupos menos favorecidos puedan acceder a los derechos que todas las personas tienen.


Hay que acelerar el abordaje de políticas públicas y de iniciativas privadas que favorezcan la inserción de las mujeres al mercado laboral, a las carreras con mayor demanda y al acceso a recursos económicos suficientes y equitativos; se debe fortalecer la corresponsabilidad y la participación de los hombres en labores de cuido y del hogar; se debe fortalecer el abordaje de las situaciones de violencia y la sensibilización en la necesidad de prevenir y erradicar toda manifestación de violencia hacia las mujeres. Se debe abrir mayores espacios de participación política de las mujeres.


Hay mucho que hacer y poco tiempo, porque a la vuelta de la esquina y casi sin darnos cuenta, estaremos haciendo el recuento de la década 2020-2029.

  • Facebook
  • Instagram
  • LinkedIn
  • Twitter

Efecto Boomerang SRL - Derechos Reservados ®