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Covid-19: la crisis que pone a prueba la masculinidad tradicional y nos obliga a reinventarnos

Por: Fernando Araya, consultor de Boomerang.


El ser hombre es algo dinámico y que cambia con el tiempo, pero es la sociedad quien nos ha marcado de forma muy dura y exigente el camino que debemos seguir “para ser hombres”.  Esta forma socialmente mediada de ser hombres (masculinidad) nos dirige, nos limita y nos controla como los cables que sostienen un títere y lo hacen moverse de una u otra forma: en lo que hacemos, lo que pensamos, lo que sentimos y en nuestras relaciones interpersonales.

Probablemente el pensarnos como un títere a merced de exigencias externas no nos guste mucho, pero es la verdad: mientras no se lleve a cabo un proceso consciente, sincero y valiente de revisión de los mandatos sociales que se ciernen sobre nosotros como hombres, estaremos respondiendo de manera casi que automática a eso que desde niños nos inculcaron.


Y si no lo cree, piense cuántos hombres conoce que actúan respondiendo a exigencias como: “los hombres deben ser los fuertes de la familia”; “macho que se respeta no se deja dominar por nadie; “el hombre demuestra su valor a través de la valentía y el poder”; y otras muchas… Creo que coincidiremos en que no son pocos.


Ahora bien, si esos mandatos y exigencias sociales impuestas por un orden humano con milenios de antigüedad, nos hicieran bien, fomentaran nuestra salud y nos ayudarán a construir relaciones saludables con nuestro entorno, no habría problema en seguirlos de forma irracional y responder automáticamente a ellos (como un títere).

Pero no, la masculinidad tradicional, aquella que nos enseñaron nuestros padres y madres, que vimos reflejada en dibujos animados (¿recuerdan Los Picapiedra?), series y películas, y que nos inculcaron en las escuelas y colegios, es una masculinidad ligada si o si al ejercicio del poder.


Un poder que se demuestra acudiendo a la violencia como respuesta a los problemas, a la desconexión emocional y a la constante demostración de “ser hombre” a través de la invulnerabilidad y la negación del autocuidado. ¿No me cree? hay datos que lo demuestran.(Suicidios por año según sexo de la víctima 2014-2018)


Esta masculinidad tradicional empapa todas las áreas de la vida de los hombres: el trabajo, los deportes, las actividades recreativas, los liderazgos que ejercemos… pero se escenifican de una manera amplificada y dolorosa en la familia: son constantes los casos de hombres que ejercen poder y control con sus parejas y que incluso llegan a la violencia.


Muchas veces, aún en aquellos casos en que el esposo o padre no comete actos de violencia, una mayoría de hombres no sabemos construir relaciones igualitarias, afectivas, presentes y basadas en la vulnerabilidad y transparencia con nuestras parejas, hijos e hijas.

“¡Pero si es que toda mi vida tuve que mostrarme fuerte y esconder mi debilidad!” es un comentario que se escucha constantemente cuando se trabaja con hombres la construcción de nuevas masculinidades. Y sí, los hombres crecimos con esta idea de esconder quienes realmente somos y tragarnos nuestros miedos e inseguridades.


El asunto es que esto funciona para esconder el miedo y tirarse en bicicleta por una colina para ser aceptado en el grupo de amigos de la adolescencia; pero para construir relaciones saludables, este mecanismo de defensa construye muros, barrancos y crea distancia afectiva con las personas que se aman.


El problema es que nunca nos enseñaron que se valía quitarse la capa, nunca nos dijeron que mostrarse vulnerable, que no saber todas las respuestas, que hablar de nuestros miedos, que expresar las inseguridades nos acercan a las personas en lugar de alejarnos.


Nunca nos dijeron que ver a los ojos, conversar profundamente y decir “tengo miedo” o “estoy triste” nos hace más valiosos que eludir miradas, decir “no me pasa nada” o “estoy bien” y mantener la capa del súper poder del macho valeroso.

Y ahora, en tiempos de incertidumbre, de miedo y de inseguridad hacia el futuro, los hombres nos encontramos ante la necesidad de reinventarnos.

No sólo porque hemos estado mucho más tiempo en casa, no sólo porque compartimos tiempos y espacios que nunca antes teníamos con nuestras familias, no sólo porque ya no tenemos opciones para huir de esos momentos emotivos o conflictivos, no sólo porque nuestras familias nos necesitan sanos, estables, alegres y pacíficos: sino porque nosotros como hombres nos merecemos afrontar esta crisis con amor hacia nosotros mismos y con la fortaleza que da el conocerse y construirse a partir de la vulnerabilidad.


En estos momentos que estamos viviendo, la mayoría de hombres nos vemos retados a relacionarnos desde otra posición: necesitamos encontrar espacio para conectarnos con el “yo vulnerable” que habita dentro de nosotros para poder establecer esa conexión sincera, segura y presente con nuestros hijos e hijas.


Es ahí donde ya no podemos quedarnos inactivos y se hace necesario dar un paso al frente y tomar acciones para, de una vez por todas cortar esos cables y, dejando de ser ese títere que se mueve al compás de lo aprendido sintiéndose mal consigo mismo, tomar las riendas de nuestras emociones y ofrecer cuidado y afecto a nuestro entorno.


En una futura entrega, ofreceré algunas ideas que cómo podemos los hombres emprender ese proceso de reconexión emocional.

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