• Cesar H.

Los retos de la nueva forma de ser padres para los hombres, sus familias y las empresas

Por: Fernando Araya, consultor de Boomerang.


En una entrega anterior, les comenté cómo la situación actual de crisis ante la pandemia de COVID-19 nos pone a los hombres en un momento de revisión de nuestra masculinidad tradicional y nos invita a replantearnos la idea de que la vulnerabilidad nos hace menos hombres.


En este espacio, invito a los hombres a emprender un proceso de deconstrucción de esos mandatos y de reconstrucción de una nueva forma de movernos por el mundo (las nuevas masculinidades) para liberaremos de esas amarras sociales que nos limitan (¿recuerdan el títere?).

Para esto, comparto algunas ideas de acciones que se convierten en retos por superar para nosotros los hombres, para las familias y entornos inmediatos e, incluso, para las empresas y entornos laborales de los hombres y padres de familia.

Hombres: ¡Colguemos la capa!


Las películas de acción, de superhéroes o de guerra, nos muestran siempre al protagonista (70% de los protagonistas son hombres) como un héroe capaz de lograrlo todo, de superar cualquier obstáculo y obtener la victoria sin descanso y con una valentía a prueba de todo.

Pocas veces vemos cuando el superhéroe se quita la capa y se encuentra vulnerable, débil, inseguro y no tiene todas las respuestas o no quiere ir a la batallas. No nos muestran las veces que falla, las veces que llora, o cuando se equivoca y tiene que volver a levantarse a pesar de sus errores para lograr la victoria (una interesante excepción es la película Hancock).


¡Nos venden la parte de la historia que quieren que nos creamos y no nos muestran el proceso para llegar a esa fortaleza!: y es que el único camino para obtener el éxito, para crecer como personas y para desarrollar acciones ganadoras, es a través de caer, de morder el polvo, de poner las rodillas en tierra o sentirse derrotado, aunque sea por un instante.


Es en las derrotas donde se aprende lo necesario para triunfar: la mayor fortaleza se construye a partir de la debilidad. Ese es un gran problema de la forma tradicional de ser hombres: uno de los cables que nos limitan y amarran es el no poder expresar la debilidad y la vulnerabilidad.


Crecimos con la idea de que está mal sentirse triste, desesperado, dolido, desesperanzado, impotente (la sola palabra asusta); asociamos el llorar, expresar afecto (salvo que sea a la pareja y en el momento de conquista), derrumbarse o deprimirse, con ser menos hombres y lo asociamos con el mundo de lo femenino.


Y no hay nada más vergonzoso para esos hombres títeres de la masculinidad tradicional, que sentirse menos hombres o parecer “mujercitas”. Es una gran ofensa.


Aquí el asunto es que en ese filtro de lo que “es femenino” -y por ende no puede ser sentido/vivido/expresado por un “verdadero hombre”- se queda también la capacidad de ser auténticos (sí señores, la vulnerabilidad es parte de nuestra esencia), de ser afectivos y de conectarnos real, profunda y emocionalmente con quienes nos rodean.


Vivimos a medias, desconectados del mundo y de nosotros: ni siquiera cuidamos de nosotros mismos.


El reto principal para los hombres es entonces el de volver a nosotros mismos: quitarnos la capa de superhéroe, dejarla colgada en el perchero y salir al mundo tal como somos: personas que sienten, sufren, aman, temen, viven, luchan, pierden y ganan.


Cortar los cables que nos impusieron y permitirnos ser nosotros mismos, sinceros, inseguros, fuertes y débiles al mismo tiempo: ser YO MISMO.

Una vez hagamos esto, nuestras familias van a apreciar más nuestra compañía porque dejaremos de necesitar tener el control de todo, estaremos más presentes (verdaderamente presentes), seremos más afectuosos y viviremos más desde la alegría y no desde el enojo y el regaño.


Seremos una personas que ha integrado su vulnerabilidad para ser realmente fuertes -más estilo Patch Adams y menos estilo James Bond-.

Familias: ¡Seamos ese lugar seguro!


Cuando un hombre se convence de la necesidad de cambiar, lo hace y se reconstruye en una versión cientos de veces mejor de la que era (yo en lo personal he presenciado decenas de hombres hacer este proceso). El inicio del proceso es difícil, pero luego se genera una inercia que a los hombres se nos hace fácil extender los cambios a todas las áreas de la vida.


Los hombres necesitamos 3 cosas básicas para lograr el proceso con éxito: honestidad con nosotros mismos, apoyo del entorno y acompañamiento emocional.


La honestidad consigo mismos dependerá de cada hombre, el éxito del proceso va a ser directamente proporcional a qué tanto el hombre deje de mentirse a sí mismo y se hable con sinceridad al espejo.


El apoyo del entorno y el acompañamiento emocional, lo podemos obtener de nuestras redes de apoyo más inmediatas: la familia, amigos, compañeros de trabajo. Esta red es muy personal y específica y dependerá de cada hombre el dónde obtendrá ese apoyo y acompañamiento.

Lo cierto es que es necesario, casi que imprescindible, que el entorno más cercano del hombre que desea generar un cambio en su vida, esté al tanto de dicho proceso y lo aliente, lo acompañe y le permita romper con los encargos e imposiciones que durante años lo ataron y controlaron a sus acciones y decisiones.


Si la familia, amigos y demás personas emocionalmente significativas nos acompañan y validan en el proceso, es mucho más fácil para nosotros los hombres deconstruir esos aprendizajes tradicionales y permitirnos encontrar nuestra nueva y única manera de ser hombres.


Pero si se nos sigue exigiendo ser fuertes (se nos rechaza cuando lloramos o nos mostramos vulnerables), si se nos sigue dando valor solamente a través de lo que proveemos (en lugar de valorarnos por lo que somos) o si se nos juzga cuando rompemos estereotipos tradicionalmente masculinos; probablemente nos va a resultar más cómodo regresar a la zona de confort y retomar las viejas formas de comportarnos.

Empresas: Fomenten el bienestar de los hombres


Muchos hombres, por nuestro rol socialmente impuesto y aceptado de ser los proveedores del hogar, pasan muchas horas de su vida en el lugar de trabajo. En ese entorno se desarrollan profesionalmente pero también crean redes de apoyo, forman lazos afectivos y se construyen como personas.


Las empresas que entienden esto: que las personas son seres integrales y que llevan su “yo completo” al lugar de trabajo y no son solamente trabajadores o empleados durante ciertas horas, diseñan iniciativas de gestión del talento basadas en el bienestar integral de las personas.


Estas empresas, al generar iniciativas de bienestar, ven un retorno de inversión y les va mejor haciendo negocios.


El caso de los hombres no es la excepción: las empresas deben entender que cuanto más sanos, plenos y estables emocionalmente se encuentren sus colaboradores hombres, más van a rendir en su puesto de trabajo, más motivado van a estar y mayor será su lealtad. Además, se reducirán las incapacidades, la rotación de personal y mejorará el desempeño.

Todo esto se explica por una sencilla razón: cuántas mejores herramientas poseamos los hombres para construir y mantener relaciones familiares y parentales sanas y afectuosas, menos será el desgaste físico, mental y emocional.


Además, un hombre que tenga estabilidad emocional, que tenga la capacidad de reconocer y nombrar sus emociones, que sepa actuar con amor y afecto ante las situaciones y retos que afronte en su hogar, evitará en una gran medida reaccionar con un alto grado de alteración emocional, evitando someter a su cuerpo a un estrés innecesario y desgastante.


Si a eso le sumamos que hombres más conectados con nosotros mismos y con nuestras personas queridas, evitaremos conductas de riesgo, adicciones y cuidaremos más de nuestra salud física y emocional. Las ganancias son muchas.


¿Son argumentos muy convincentes, cierto? Por eso es que las empresas pueden acompañar a los hombres en su proceso de crecimiento personal, obtención de herramientas para que decosntruir la masculinidad tradicional, voltee la mirada hacia dentro y cambie su comportamiento.


Para ello, las empresa deben fomentar espacios de capacitación, sensibilización y revisión personal en el tema de masculinidades, incentivar la conversación de estos tema y acompañar la formación de redes de hombres que se acompañen unos a otros en este proceso de construcción de nuevas masculinidades.


En la medida en que las empresas hagan la inversión de que los hombres que forman parte de su equipo de trabajo dediquen tiempo y energía a estos procesos, verán beneficios en el corto plazo y podrán generar indicadores que justifiquen dicha inversión. En Efecto Boomerang estamos a disposición para acompañar a las empresas a llevar a cabo estos procesos.

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